Chimenea en Babelia

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Chimenea encendida

Chimenea encendida

Situado en el Torreón de La Casa Encendida, el proyecto Chimenea promueve el encuentro entre artistas, público y obras.

El de la mediación seguramente sea uno de los temas de debate más activos en el campo del arte contemporáneo. Nunca como ahora se había hablado tanto de ello y desde tantos frentes diversos. De la conferencia performativa al programa independiente del museo, son muchos los proyectos que trabajan por dar una nueva lectura a la relación entre artistas, público y museo. Indagan en las posibilidades y limitaciones de esa idea de mediación, cuestionándola y reinventándola como un subespacio más dentro de la institución y demás terrenos del arte contemporáneo. Con esa idea nació Chimenea en febrero de 2016, cuando Tania Pardo llegó a La Casa Encendida para encargarse de la programación de exposiciones.

La idea es generar encuentros libres entre creadores a fin de generar un espacio abierto y distendido para la escucha, “convertirlo en un lugar de aprendizaje e intercambio a través de la palabra. Chimenea es un proyecto sostenible en el tiempo, a goteo, donde es tan importante que asistan setenta personas que ocho. Lo entendemos como una herramienta para conocer artistas desde una absoluta libertad de acción. A nivel conceptual, pretende analizar diferentes relatos y sus complejas capas de significado a partir de la experiencia de visitar una exposición o asistir al encuentro entre dos creadores. Creemos en la interacción entre el artista, el público y la obra como dispositivo de conocimiento, y por supuesto todo lo que se genera a su alrededor”, explica la comisaria.

Consciente del peso que tienen convocatorias como Generaciones o Inéditos, Chimenea quiere huir de ese estigma de lo emergente y trabajar desde el apoyo a la creación más allá del formato expositivo y desde algo tan fundamental como la palabra. No es fácil conocer a artistas de esta forma directa, donde poder hablar con ellos de tú a tú. Es ahí donde Chimenea encuentra su bastión. Se llama así, añade, por su doble significado en relación a una casa y en este caso, en directa alusión a La Casa Encendida: el lugar donde se reúnen las personas “alrededor de la chimenea” y el lugar de extracción de humos, incluso de los malos. Ocupa un espacio tan especial como el Torreón 1, en la misma terraza del edificio, y engloba tres actividades.

Por un lado, están los recorridos con invitados especiales a las exposiciones; esto es, artistas y comisarios convocados para que, a través de su obra, expliquen las exposiciones, forzando un nuevo diálogo y nuevas formas de acercamiento y asimilación. También consta de acciones son talleres con artistas fuera del edificio de la institución, intentando generar otras dinámicas que se basen en la practicidad, como el día con el artista Juan López visitando lugares de referencia en su trabajo mientras recorremos la ciudad de Madrid o la excursión al campo para una “sanación cósmica” con el artista y músico Wences Lamas, o relacionar a Irene Grau con el pueblo de Bustarviejo donde vivía Schlösser y pasar el día recorriendo sus pasos subiendo una montaña de 1.500 metros. “Estas experiencias colectivas, guiados de artistas ofrecen otra forma de aproximarse al arte, que genera un activismo y un compromiso más real y auténtico con la creación y el creador”, añade la comisaria. Y Chimenea también engloba Power Art Point, que son citas de artistas que a priori no se conocen y que son invitados semanalmente a explicar su trabajo sin utilizar la consabida herramienta del power point. En toda la temporada han pasado más de sesenta personas, Lois Patiño y Miguel Marina, Alejandro Marote y Arantxa Boyero, Miguel Ángel Tornero, Fod y Teresa Solar Abboud, Miren Doiz, Sabina Urraca, Beatriz Lobo, etc. O los últimos, que pusieron el cierre a la temporada hace unos días: el editor Carlos Copertone y el artista Javier Codesal. Aprovechamos que la chimenea se apaga unos meses para hablar con Tania Pardo de mediación y educación. Y hacer balance.

¿Cuál es el punto de partida y la finalidad de Chimenea?

El punto de partida fue analizar y entender La Casa Encendida como un lugar para el encuentro, un espacio por el que pasan y ocurren multitud de cosas y actividades. Es una institución privada con vocación pública que potencia el respeto absoluto por la creación y sus múltiples formatos. Este proyecto es una extensión más de una exposición, es decir, un trabajo con artistas, a veces creo que es una extensión en sí misma de mi práctica curatorial, está muy interrelacionado con la forma de entenderla. Supone alterar los formatos, volver a la palabra desde la absoluta confianza en los invitados. Nosotros ofrecemos y prestamos ese espacio para que narren y hagan lo que deseen. De este modo, también se van multiplicando los discursos y las formas de hacer. La finalidad es intentar generar otros espacios, prolongar la creación en todas sus formas, sumar miradas, invertir roles… En realidad, es no tener miedo al error, al equívoco, hablar de fracaso y de éxito. Algunos encuentros no han funcionado tan bien como otros pero lo más importante es realizarlos, que estas citas se conviertan en parte de la escena, y además siempre se prolongan al bar, y el bar es un espacio de socialización y pensamiento que está muy relacionado con el arte.

¿Cómo es el modo de selección de los artistas, comisarios o gestores?

Lo hago conjuntamente con Antonio Ortiz, coordinador del proyecto, intentando estar muy atentos a la escena artística de Madrid. Algunos artistas que vienen a escuchar a otros se convierten después en invitados, realizando así cadenas de intereses comunes y afectos. De ahí, ese empeño e interés en unir siempre a personas que no se conocen previamente.

¿Cómo trabajar desde la proximidad pero con distancia crítica?

Rompiendo todo tipo de prejuicios, respetando a los que tenemos enfrente y escuchando. En mi caso no concibo trabajar sin proximidad, entendida como un dispositivo de encuentros e investigación.

¿Faltan nuevas estructuras educativas más allá de las conocidas por centros y museos?

El tema del arte y la educación se ha activado muchísimo en los últimos años y se está haciendo una gran labor por la educación en el arte contemporáneo desde instituciones y centro de arte. Se ha potenciado muchísimo a través de profesionales como María Acaso, Pablo Martínez, Pedagogías invisibles, proyectos como La Escuelita, los DEAD de los museos, Jordi Ferreiro, Christian Mirón, colectivos como Las Ciento volando y esto unido a otras temáticas como el de la discapacidad con colectivos como Debajo del Sombrero… También hay artistas que han centrado sus intereses en la educación desde su propia obra como Antonio Ballester Moreno quien reflexiona sobre la infancia a través de su trabajo, Nicolás Paris que activa aulas de aprendizaje en sus dispositivos o el propio Luis Camnitzer. Quizá se ha abusado de una terminología tan críptica que a veces se aleja de su finalidad. Con todo aún queda un largo recorrido aunque creo que estamos todos por la labor de caminarlo juntos…

En la educación artística, campo que también toca como profesora en la Complutense de Madrid, ¿qué cambios propondría?

Falta, precisamente, más sensibilización hacia la creación. Que se llevara a cabo una interacción entre distintas disciplinas, unir ciencia y arte, expandir los conocimientos. Desde el colegio se deberían potenciar más las inteligencias creadoras y creativas de cada individuo, tender más a una educación más libre, basada en la observación, la naturaleza, el medio, más individualizada… Desde mi experiencia, la universidad pública española es un sistema excesivamente jerarquizado que vive al margen de la realidad. Esto, por supuesto, con muchos matices, pero creo que falta ofrecer al alumno más contacto con la realidad, salir de las aulas, romper estructuras, generar herramientas críticas de pensamiento a través de otros formatos que no sólo se basen en el análisis de textos, sino caminando el propio terreno, visitando El Prado para estudiar a Goya, analizar colectivamente la prensa, visitar galerías de arte contemporáneo desde el colegio… Ser docente es una forma de activismo. Construir una clase es un gran acto de responsabilidad.

¿Es fácil para un artista presentar su trabajo de manera pública?

En Chimenea generamos un ambiente muy distendido y rompemos todo tipo de esquemas. Si alguno prefiere charlar de otra cosa que no sea su trabajo, lo hace, no tiene por qué ceñirse exclusivamente a nuestras órdenes. Desde luego, escuchar y escucharnos es una necesidad.

¿Cómo enlaza este proyecto con otros que has realizado anteriormente?

Siempre he estado interesada en desarrollar actividades para crear escena y activarla a través de distintas propuestas, creo que se ha de hacer una labor de interacción entre público, artistas y todo tipo de profesionales del sector. Me he definido en muchas ocasiones como una comisaria periférica porque me interesa sobre manera explorar los límites tanto institucionales como los que no lo son, saber que ocurre en otros contextos ajenos al mío y, por supuesto, escuchar a los artistas. Mi interés se centra en “enredar”, poniendo en contacto a unos y otros, dar espacios, apoyar caídas, visitar estudios. En este caso, mi responsabilidad es dar cabida a artistas y apoyar la producción en todas sus formas generando una diversidad de discursos que enriquecen el contexto. La Casa Encendida tiene esta política, abierta y desprejuiciada gracias a la diversidad de públicos que la visitan y a todos los creadores que por ella han pasado y pasan. Vivimos en una sociedad muy preocupada por la definición y Chimenea permite precisamente la indefinición, ni siquiera lo llamamos proyecto de “mediación”, no mediamos nada, solamente escuchamos, opinamos libremente, en definitiva, somos productores de encuentros.

¿Qué posibilidades ofrece y qué condiciones tiene una institución cultural como La Casa Encendida?

Es un espacio de absoluta libertad, un lugar por el que se realizan al año casi 1.200 actividades, La Casa es un catalizador de la actualidad, a través de todas las propuestas que se plantean desde sus departamentos: solidaridad, música, cultura (audiovisuales, escénicas, exposiciones), medio ambiente y se trabaja desde la absoluta transversalidad. Es un espacio también muy femenino: el 80% somos mujeres y un 60% somos madres, esto quizá es más importante de lo que creemos. Detrás de La Casa Encendida existe un equipo humano increíble, profesionales que están muy atentos a la actualidad cultural.

¿Cuál es la salud artística de un contexto como el madrileño?

Madrid es una ciudad efervescente, hay muchas citas culturales: exposiciones, conciertos, diferentes tipos de iniciativas, pero falta todavía un apoyo real y sostenible desde el poder central a la cultura, en general, y al arte, en particular. Todos los días se llevan a cabo muchas actividades lo que constata su alto nivel de creatividad.

¿Estamos eclipsados por lo “internacional”?

Me gustaría pensar que cada vez estamos menos, pero me temo que aún hay eclipse. De hecho, creo que a veces nuestra mirada y modelo se ha atrofiado: miramos hacia Goldsmith y a formatos anglosajones por encima de otros, porque nos resultan más legítimos, cuando quizá deberíamos mirar a Latinoamérica o incluso a África, o más a nosotros mismo; creer más en la autenticidad.

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